4/28/2010

Huelga de parados ¿manos a la obra?





miércoles 21 de abril de 2010, France 2


"Estamos hartos de la culpabilización y del trabajo forzado. Tenemos que poner en marcha una huelga de parados y de todos los precarios. Empezará el 3 de mayo.
Aunque no tengamos fábrica en la que encontrarnos no vamos a dejar de organizarnos. Pero ¿qué sería una huelga de parados? Un repudio. Repudio al acoso, a la movilización, a la culpabilización, a la inserción forzosa.

Las reformas del Polo empleo del RSA tratan de arrinconarnos, de aislarnos para hacernos aceptar empleos de 10h por semana pagados míseramente en los sectores más chungos.
Vuelven a poner a flote a los bancos con dinero público y a decirnos que nos apretemos el cinturón. ¿Llueve?
Tienes que aceptar cualquier trabajo bajo amenaza de perder un subsidio de supervivencia y estar agradecido. ¿Hemos de avergonzarnos de no saber vendernos a cualquier empleador, de no poder mudarnos por un curro, de no aceptar lo que sea, de no doblegarnos, en fin, ante la razón económica?

En absoluto: francamente. Tenemos mejores cosas que hacer. Cosas mejores que buscar empleos inexistentes, que mendigar nuestra dignidad. Por eso repudiamos ser perseguidos, controlados, gestionados, culpabilizados, borrados.

En 2010 seremos un millón más de parados sin derechos, y de nuevo serviremos de pretexto para debates de expertos sobre los trabajadores pobres, que decidirán por nosotros lo que necesitamos.
La huelga de los parados y precarios será – desde ahora – no permanecer aislado, salir de las aguas heladas del cálculo egoísta en las que nos hunden. La huelga de parados y precarios será decidir conjuntamente cómo bloquear una máquina de precarizar hecha para gestionarnos hasta la muerte.
Llamamos a todos los precarios, interinos cabreados, intermitentes, temporeros, becarios y estudiantes sin futuro, jubilados, sin papeles, despedidos por la cara, trabajadores forzados, a los volcanes felizmente reactivados a encontrarse y discutir en las colas del INEM y de los Polos de empleo, en la calle, por todas partes.
Ahora mismo, en Rennes, Brest, París, Montreuil, Tours y en otras ciudades los precarios y los parados se organizan.
Que mil colectivos florezcan sobre los escombros del pleno empleo.
Inventemos juntos la huelga de los parados y precarios

4/27/2010

Espíritu sin alma. Zeitgeist

¿Cuál sería el "espíritu de nuestra época", aquello que orienta todos nuestros actos, cada una de nuestras decisiones? ¿Qué es lo que subyace, oculto en su omnipresencia, a nuestra percepción del mundo? El Dinero. No el dinero como vehículo del valor, no el soporte material de la riqueza, no el signo del trabajo, sino el dinero supuesto o interés, el dinero como deber, el dinero como barrera, el dinero como difusor de la escasez y herramienta de exclusión. No te vendes a nadie porque tu único Señor es el Dinero. Resucitamos a Benjamin para demostrar que no hacían falta cien años más para entenderlo: el infierno demostrado.

No obstante, ha parecido necesario cubrir el ciclo completo del capitalismo, agotar todo su crédito en matanzas terribles y constantes, llevar a la especie humana a un estado de total necesidad y al mismo tiempo refinar las técnicas de montaje, olvidar el arte y desarrollar las redes para que surgiese un movimiento como Zeitgeist, uno de los fenómenos víricos más espectaculares de los últimos años. Y resulta destacable la gran eficacia de una campaña emprendida a partir de unos recursos bastante limitados en relación con la trascendencia que ha tenido: millones de personas en todo el mundo han tomado contacto con las producciones de este movimiento, y muchas de ellas se han transformado en seguidores activos, e incluso en activistas comprometidos con su difusión. En España ya se ha constituido una plataforma nacional que coordina sus actividades.

El movimiento funciona por adición de voluntades, por contagio ideológico, sacando un provecho máximo de las nuevas formas de difusión que las redes permiten. El detonante del mismo y su medio de transmisión más infectivo es el audiovisual de Peter Joseph Zeitgeist, producido en 2007 y colgado en la red sin ánimo de lucro para su libre descarga y difusión. Más aún, lejos de reivindicar derechos de autor para buscar la trascendencia de su obra, tenía la humildad de pedir "por favor" que se reprodujese y copiase "como se considerase oportuno". Peter Joseph es una especie de nombre artístico sin apellidos, una forma de denominarse bastante común y cercana, como Pérez o Jose Luis. Nuestro Pérez no busca la objetividad de los hechos, pues toda la película es una interpretación más que una exposición, sino la intersubjetividad de las identidades borrosas.

Como a muchas producciones independientes que no asumen la distorsión institucionalizada de la percepción, se lastró a ésta con el sambenito conspirativo. Ello y su visión nihilista de la política institucional podían constituir en un principio una barrera a su difusión, pero debieron funcionar a medio plazo más bien como una motivación morbosa para su consumo, pues antes de un año ya se había hecho evidente para sus realizadores la necesidad de hacer algo con todo aquel potencial desencadenado. De ahí surgió Zeitgeist Addendum, el segundo filme de Peter Joseph, donde se hace patente la voluntad de plantear no sólo dudas, sino también algunas respuestas. Por supuesto, no han faltado conspiracionistas que han acusado a la película de estar promovida por los mismos poderes ocultos que denuncia. La gente ya no se siente a salvo con la versión oficial de los hechos. El conspiracionismo, aún en sus versiones más degradadas, es el síntoma de un mal y esa es su verdad: la falta de transparencia de nuestras democracias, la confusión como nueva forma de ocultación, la corrupción del poder desvelada no como una degradación, sino como una condición del mismo en la actual organización del mundo.

No alcanzan a ser documentales. Se trata más bien de panfletos construidos a partir del apropiacionismo de imágenes y su montaje. Su uso de las citas no tiene que ver con la autoridad científica, ni son documentos para un dossier. Se trata más bien de un collage de fuentes heterogéneas que a veces hablan en un sentido distinto al original al enmarcarse en un discurso actualizado. Por ello y por algún error en la documentación se ha acusado al "autor" de mentir, pero se trata de hecho de un recurso estético admitido y actualmente presente en todo tipo de producciones culturales. Es aceptable y recomendable utilizar materiales preexistentes para componer puntos de vista que no son absolutos. Pensar consiste en eso, la cámara nunca ha sido objetiva.

Aparentemente, no existe continuidad ni homogeneidad en cuanto a los temas tratados en ambas películas. En la primera, se pasa de la exposición del trasfondo mítico-astrológico que comparten todas las religiones a un análisis exhaustivo de las dudas razonables existentes en torno a la versión oficial del 11-S y otras acciones terroristas similares en todo el mundo, que permitieron lanzar la estrategia geopolítica de la guerra global contra el terror; y de éste a un desenmascaramiento del papel que juegan en todo ello determinados grupos aglutinados en torno a grandes fortunas y al control de posiciones de poder relevantes: los "hombres detrás de la cortina". Lo que se quiere presentar como eje de su lectura desmitificadora de acontecimientos tan dispares es la concienciación del individuo a propósito de una percepción del mundo construida, antes con el condicionamiento religioso y ahora con el bombardeo informativo, a partir de los intereses de quienes controlan el poder y nuestras vidas.

Resulta curioso que las polémicas más encendidas que suscitó este primer vídeo girasen en torno a su visión del hecho religioso, más que sobre sus análisis "conspiracionistas" de la globalización, quizá porque nos resulta más difícil desembarazarnos de mitos y fábulas arraigados en estratos profundos de nuestra cultura que de una visión del mundo impuesta cada día ante los ojos por una máquina de condicionamiento. En cualquier caso, más allá de su denuncia de las instituciones religiosas y del uso que el poder hace de ellas, la exposición que Joseph hace de las fuentes míticas de todas las religiones se parece más a una fundamentación para la comprensión del hecho religioso que a una deconstrucción del mismo.

El segundo documental arranca con un análisis de la lógica del dinero en el actual sistema que resulta revelador, aunque no presenta argumentos originales, no sólo de por qué hemos caído en la crisis de deuda, sino de que no podremos salir de ella de forma sostenible. Luego expone, a través del testimonio de John Perkins, un "sicario económico" arrepentido al servicio del gobierno y corporaciones estadounidenses, cómo se someten países y se desestabilizan gobiernos mediante el chantaje y la amenaza en base a este sistema y con el apoyo final de las armas, antes de entrar de lleno en la búsqueda de alternativas. Como en la anterior película, sus partes están muy definidas, no sólo por la diversidad de asuntos que presenta cada una, sino también por una lógica narrativa diferente. La síntesis buscada a través de este material heterogéneo es en este caso la comparación entre un sistema como el actual, basado en la escasez sobredeterminada, la mala distribución de la riqueza y la aplicación de la tecnología a propósitos de intimidación y destrucción, y lo que sería un sistema basado en una "economía de recursos" tecnológica y racionalizada.

La base para ilustrar este punto es la presentación del Proyecto Venus, creado en los años setenta por el "ingeniero social" Jacque Fresco. Tal y como se nos presenta, el Proyecto Venus es otra utopía futurista con ribetes "new age" basada en el poder redentor de la tecnología. Y es esta parte, donde tratan de presentarse algunas respuestas, la que puede resultar más sospechosa desde el punto de vista emancipatorio. ¿Las tecnologías nos salvan o nos oprimen? ¿No se basan en la lógica de la dominación de la naturaleza, lo que las convierte sistemáticamente en autoritarias, depredadoras e indiferentes al destino de la especie? ¿No es la tecnología hecha autónoma lo que hace del ser humano un simple recurso para su desarrollo? ¿No sería más conveniente centrar la crítica en promover otras formas de habitabilidad, de consumo y de relación con la naturaleza?

Pero la tecnología no aparece aquí como algo diferente de nuestra naturaleza. "La tecnología es un lápiz", una extensión de nuestros órganos, una capacidad cuyo desarrollo es inherente al destino de nuestra especie. Importa arrancar estos recursos de las manos del gran capital para hacer un uso racional y emancipador de los mismos. Esto recuerda los planteamientos de los primeros situacionistas, que buscaban la realización de la sociedad en la aplicación de todos los recursos estéticos y tecnológicos a la composición de ambientes habitables en una sociedad sin clases. Y resulta sugerente recordar cómo este propósito se vio condicionado desde el principio a la apropiación colectiva de esos medios, que no podía llevarse a cabo desde el actual sistema, lo que les abocó a renunciar a cualquier propuesta positiva en este terreno y les redujo al campo de la crítica de toda realización parcial de sus propuestas.

Hoy la lucha es la misma, pero el terreno es otro, y las condiciones distintas. No me gustaría vivir en una sociedad tecnológica controlada por especialistas, donde ni siquiera tuviese la opción de transgredir sus normas, donde todo lo que el sistema considerara aberrante fuese fácilmente "solucionado". No sería sino otro "mundo feliz". Pero no es el menor de los aciertos de estos documentales hechos para las masas, desde planteamientos muy genéricos y voluntad de activismo el intentar superar las viejas divisiones religiosas, políticas e identitarias para centrar el juego en la apropiación colectiva del conocimiento y la información.


Zeitgeist (2007)


Zeitgeist Addendum (2008)

4/16/2010

El capitalismo como religión

Hay que ver en el capitalismo una religión. Es decir, el capitalismo sirve esencialmente a la satisfacción de las mismas preocupaciones, penas e inquietudes a las que daban antiguamente respuesta las denominadas religiones. La comprobación de esta estructura religiosa del capitalismo, no sólo como forma condicionada religiosamente (como pensaba Weber), sino como fenómeno esencialmente religioso, nos conduciría hoy ante el abismo de una polémica universal que carece de medida. No nos es posible describir la red en la que nos encontramos. Sin embargo, será algo apreciable en el futuro.

No obstante, son reconocibles tres rasgos de esa estructura religiosa del capitalismo en el presente. Primero, el capitalismo es una pura religión de culto, quizás la más extrema que haya existido jamás. En el capitalismo todo tiene significado sólo en relación inmediata con el culto. No conoce ninguna dogmática especial, ninguna teología. Desde este punto de vista, el utilitarismo gana su coloración religiosa. A esa concreción del culto se vincula un segundo rasgo del capitalismo: su duración permanente. El capitalismo es celebración de un culto sans trêve et sans merci [sin tregua ni piedad]. En él no hay señalado un día a la semana, ningún día que no sea festivo (en el sentido terrible del desarrollo de toda la pompa sacral) que supondría el esfuerzo más manifiesto de quien adora. Este culto es, en tercer lugar, culpabilizante. Probablemente el capitalismo es el primer caso de culto no expiante, sino culpabilizante. Este sistema religioso se encuentra arrastrado por una corriente gigantesca. Una monumental consciencia de culpa que no sabe sacudirse la culpabilidad de encima echa mano del culto no para reparar esa culpa, sino para hacerla universal, forzarla a entrar en la consciencia y, sobre todo, abarcar a Dios mismo en esa culpa para que se interese finalmente en la expiación.

La expiación, por tanto, no debe esperarse del culto mismo, ni de la reforma de esa religión. Tendría que sostenerse en algo más seguro que en ella misma. Tampoco podría sostenerse en su rechazo. Es la esencia de ese movimiento religioso que es el capitalismo resistir hasta el final, hasta la culpabilización final de Dios, hasta la consecución de un estado mundial de desesperación que es, precisamente, el que se espera. En esto estriba lo históricamente inaudito del capitalismo, que la religión no es reforma del ser, sino su destrucción. La expansión de la desesperación hasta un estado religioso mundial del cual ha de esperarse la salvación. La trascendencia de Dios se ha derrumbado, pero no ha muerto, sino que está comprendido en el destino de la humanidad. Ese tránsito del planeta humano por la casa de la desesperación en la absoluta soledad de su trayecto es el ethos determinado por Nietzsche. Ese hombre es el superhombre, el primero que empieza a cumplir, reconociéndola, la religión capitalista. Su cuarto rasgo es que Dios debe permanecer oculto, y sólo debe ser llamado en el cénit de su culpabilización. El culto es celebrado ante una divinidad inmadura y toda representación, todo pensamiento en esa divinidad daña el secreto de su maduración.

Walter Benjamin, fragmento de un borrador de un texto inédito de 1921. Las negritas son nuestras

4/06/2010

Plataformas ciudadanas

A medida que el sistema económico que nos mantiene atrapados pierde aliento, sin esperanza alguna de volver a una situación anterior al desbordamiento planificado de la deuda, no digamos ya a recuperar los márgenes especulativos crecientes que son el fundamento de esta gestión del capital; a medida que esta no-crisis se convierte en el nuevo estado del mundo y tratan de amañar las reglas de su propio juego; a medida que la indignación frente al dinero, la decepción frente al consumo y la desesperación se convierten en los rasgos que definen al hombre del nuevo milenio; a medida que los hechos vienen dando la razón, aunque no las gracias, a los obstinados practicantes de la crítica de las estructuras capitalistas, esta misma crítica pierde naturalmente su sentido, se convierte en una tarea acabada y se nos imponen nuevos objetivos, enfoques diferentes.

Naturalmente. No es hora de paladear ningún triunfo, ni de seguir ejerciendo redundantemente una labor para la que ya no hace falta lucidez alguna. Ni siquiera hay árboles caídos donde hacer leña para calentar los nuevos tiempos. Habrá si acaso que acabar todavía con esa esperanza mojigata, que mantienen los que todavía no han perdido casi todo, en que las cifras vuelvan a remontar "con el esfuerzo de todos". El sistema se critica sólo, y los gestores del mismo nos han demostrado lo que son capaces de hacer y lo que se proponen. Sólo la parálisis que produce el miedo, la reserva ante el prójimo, al que nos han enseñado a no necesitar, el sentimiento de desamparo nos impiden tomar cartas en el asunto y poner manos a la obra: la obra total que ya no será de arte, aunque precisará de todo nuestro legado cultural y tecnológico, de toda nuestra creatividad colectiva, de toda nuestra empatía y nuestra apertura.

¿Qué nos impide escapar de este modelo catastrófico de gestión, resultado directo y muy simple, pese a las sutilezas metafísicas que lo median, de la ambición desmedida por el control y la dominación de unos cuantos "autores" del destino del mundo? Si generamos una tormenta de ideas en torno a esta cuestión hallaremos poca diversidad de respuestas: una gestión del conocimiento basada en la escasez, como si se tratase de un bien consumible, que impide su extensión fractal en todas direcciones; una enculturación ideológica regida por la competencia y la dominación del mundo en todos sus frentes; una dependencia patológica de cada ser humano hacia las estructuras que ellos mismos han ayudado a construir. La política fiada a la representación, la burocracia y la especialización del poder nos ha convertido en una manada inerte al cuidado de sus depredadores.

Sea cual sea la reacción, se generará en las complejidades que no habrá más remedio que afrontar (enseguida es muy tarde), y tendrá como principio fundamental la capacidad autoorganizativa inherente al ser humano y al uso de lenguajes. La actual política de altas esferas, la democracia puramente ritual sólo pueden llevarnos a la consumación de un poder cada vez más separado, cada vez más corrupto, cada vez más violento. Pagamos un precio demasiado alto por mantener un bipartidismo estéril que no ofrece alternativas. Hoy se impone una superación pragmática de la política como lenguaje. Y de las ideologías divisorias sobre las que se fundamenta.

Es preciso empezar a construir plataformas ciudadanas capaces de ejercer presión sobre un ámbito accesible y a la vez significativo: los municipios. Plataformas ciudadanas sin ideología política, referidas a asuntos concretos de gestión, que tomen como principios fundamentales la construcción de la política desde abajo y el rechazo de la especialización de la gestión pública. Plataformas de ciudadanos liberados de marcas históricas para entablar las batallas de los nuevos tiempos. Naturalmente: plataformas de individuos organizados colectivamente, y en ningún caso de políticos untados o a sueldo, con capacidad para influir en los plenos, para desbancar y expulsar de ellos a las derechas y a las izquierdas con todos sus trucos. Plataformas construidas a partir de debates, de ejercicios, de celebraciones, capaces de cambiar el rostro de un pueblo y de contaminar la vieja política con replicaciones víricas que se extenderán por otros municipios, hasta generar una corriente que fluye de abajo a arriba anegando los salones de los señores de la guerra.

Nos toca dignificar a la especie humana o asumir su extrema degradación.