8/28/2010

La mercancía ideal

Preguntémonos, loca, cuál será la mercancía ideal. Vender cosas útiles se ha vuelto tan inútil como practicar la caridad.

La mercancía ideal no tiene que cubrir una necesidad. La satisfacción de una necesidad es un límite a la productividad. La mercancía ideal debe ser una opción infinitamente actualizable y fácilmente reproducible. No debe ser material, soportar peso, desgaste, suciedad, costes de distribución y demás. Ha de ser una epidemia inocua.

Por ejemplo, la CULTURA. La mercancía ideal se teletransporta y no llena. El saber no ocupa lugar, y nunca se tiene bastante. Ni se puede prescindir de una parte ni se puede abarcar nunca el todo. Hábilmente canalizada por sus autores, la cultura misma abre la fuente y el cauce de su reproducción. El problema con la cultura es que su valor aumenta cuanto más se difunde y esto resulta demasiado evidente (es de necios confundir valor y precio, decía el poeta). Que no admite propietarios: es desviable. Y que afila el sentido crítico.

La mercancía ideal tiene que seguir siendo deseable incluso cuando es plenamente accesible, implementar un dinamismo adictivo capaz de anular la reservas críticas. Es por ello que Burroughs reconocía en las DROGAS, especialmente aquellas capaces de degradar físicamente al individuo, el perfil de esa mercancía definitiva cuyo consumo, lejos de saciar, multiplica su necesidad y extiende su imperio.

Casi todas las mercancías propias del capitalismo avanzado, desde la SALUD a la TECNOLOGÍA, incorporan esta lógica viral que se ha convertido en el modelo de producción de la sociedad del espectáculo integrado, siendo la imagen su materia prima inmaterial: plasmación "plasmática" de una expectativa siempre inalcanzable, de un potencial peligro siempre amenazador, fantasía emancipada del mundo real. La PORNOGRAFÍA, entendida en sentido amplio como representación del deseo, y por tanto como su denegación, siempre diferido, explota comercialmente los fantasmas. No instaura un diálogo, sino que se propone como una evasión a medida. Por eso casi toda la cultura es hoy pornografía, incluso cuando se disfraza de otra cosa.

Pero hay algo en nuestros días más explícito y obsceno, necesario e insuficiente, básico y transversal, omnipresente e invisible que cualquiera de estos candidatos: algo que reúne todas sus ventajas sin cargar con ninguno de sus inconvenientes: el DINERO. Asumido convencionalmente como valor de cambio de todas las demás mercancías, la sangre que alimenta la producción, es capaz a su vez en convertirse en un producto diversificado. La riqueza puede comprarse: vendiendo futuro. Sólo una mínima parte del capital supuestamente existente tiene expresión material como moneda actualizada, como poder real de eliminar deuda (futuro hipotecado), y no digamos nada como soporte material (oro o cualquier otra consigna de peso). Y la deuda sigue creciendo en medio de un absurdo tan voraz, pues en ella se cifra la única salida. La riqueza se torna así escasez, no se entiende cómo podría suprimirse esta dialéctica; y el poder, esclavitud. Sólo una miseria infinita puede soportar toda esta riqueza sin límite.

8/10/2010

Contabilidad creativa

"Después de leer, aplicada a una larga serie de malversaciones coronadas por una bancarrota fraudulenta, la expresión "contabilidad creativa", confieso haberme sonreído en un primer momento, antes de darme cuenta de que no había de qué reírse. Hablar de creatividad es particularmente oportuno cuando se trata de las finanzas modernas, puesto que por una parte ningún término antiguo de la lengua propia de los contables resulta conveniente para designar las operaciones que dan hoy a los actores de la nueva economía la ocasión de enriquecimientos y ruinas repentinos, y puesto que por otra parte nadie puede eludir, y mucho menos los responsables, la obligación democráticamente impuesta de ser permanentemente creativos. ¿Pensamos que nociones tan obsoletas como "activo" y "pasivo", que representan al pequeño comercio y al dinero en el colchón, por no hablar del petainismo rampante, pueden aplicarse sin prejuicios a las innovaciones de un Haberer, de un Messier o de un Berlusconi? Sería como invocar el saber-hacer, la profesionalidad, e incluso, en el colmo de la mediocridad, el ideal de belleza a propósito de las performances o instalaciones de un artista contemporáneo." [Jaime Semprún: Défense et illustration de la novlangue française, Encyclopédie des Nuisances, 2005].
Jaime Semprún, filósofo, editor y crítico antiindustrial, promotor de la Encyclopédie des Nuisances, ha fallecido a los 63 años.

El abismo se repuebla (1997)
Acerca de la deshumanización debida a todos los supuestos "avances" técnicos de que disponemos o nos hacen disponer.La pregunta no es "¿qué mundo dejaremos a nuestros hijos?", sino "¿a qué hijos vamos a dejar el mundo?". [Precipité, Madrid, 2001].


Apología por la insurrección argelina (2001)
La radicalidad de esta revuelta, y por tanto su ejemplaridad, no encontraba su porqué tanto en la contudencia de sus protestas como en sus articulación en aarchs o consejos de aldea y barrio, una estructura asamblearia que perduraba en el tejido social argelino que fué retomada y remozada durante el levantamiento. [Muturreko burutazioak, Bilbao, 2002].


Diálogos sobre la culminación de los tiempos modernos (1993)
"En todo lo que ha dicho sobre la necesidad de sustraerse a la influencia de una civilización putrefacta, para preparar de alguna manera lo que venga después, no veo nada que no sea igual de necesario, si reflexionamos en ello, para combatir hoy mismo lo que nos perjudica. No es malo pensar en el futuro, si eso no nos hace descuidar el presente. " [Muturreko burutazioak, Bilbao 2006].


La nuclearización del mundo (1980)

La nuclearización del mundo es una de las más brillantes aportaciones a la crítica de la energía nuclear, y por extensión a la crítica del totalitarismo democrático. Fue escrito en 1980 bajo el procedimiento del falso alegato, de la sátira disfrazada de apología, y destila un humor, más que negro, fúnebre, al más puro estilo de Jonathan Swift. En un momento en el que se trama una multiplicación de las centrales nucleares, esta edición aspira a participar en un debate que a buen seguro no se producirá, ya que lo que se estila son los hechos consumados: tras una descomunal campaña de publicidad (y aquí —y no en otro lado— es donde hay que enmarcar gran parte de la cháchara que escuchamos diariamente sobre el cambio climático), se procederá a sembrar el territorio con nuevos reactores por el bien de la humanidad. ¿Fin de la discusión? [Pepitas de Calabaza, Logroño, 2007].