6/27/2011

No podrán pararnos

 Lo queremos todo y mucho más
Manifestación 3 de julio, 19 horas, Cibeles-Sol
 
Un jefe de policía sonríe a la cámara mientras muestra divertido la careta de lo que denomina “un grupo de peligrosos piratas informáticos que por fin ha sido detenido; un periodista se burla de “los indignados”: “No saben lo que quieren y muy pronto ya nadie hablará de ellos”, asegura; los sindicatos lanzan amenazas que saben bien que no cumplirán acerca de “romper la paz social”; un alcalde abandona a toda prisa un Ayuntamiento. A través de los cristales tintados de su coche oficial puede ver a cientos de personas que le gritan e increpan; un secretario judicial acaba su desayuno y se levanta, dispuesto a ejecutar un nuevo desahucio.

Jefes de policía, medios de comunicación y tertulian@s, cúpulas sindicales, polític@s, banquer@s y jueces, ¿sabéis qué sucede? Que os hemos perdido el respeto.

El 15M expresó masivamente un malestar que se fraguó en universidades y centros de trabajo, en pasillos de supermercados abarrotados de productos cada vez más inasequibles, en las colas del paro, en vagones de metro atestados de gente como tú y como yo, gente cabreada y cansada de que siempre seamos l@s mism@s quienes paguemos sus crisis. Surgió porque todo tiene un límite y porque cualquier persona decente se indignaría al ver las redadas contra inmigrantes, las persecuciones en plena calle contra grupos de manteros, los despidos y desahucios.

El Poder está aterrorizado. Comienza a sentir que su tiempo ha pasado. No comprende que aquello que deseamos (todo eso que expresamos por medio de cánticos que son rugidos y en asambleas que son solidaridades inauditas en este país hasta ahora obediente) es incompatible con todas sus miserias y violencias.

El Poder siente pánico. Está desesperado y su desesperación le conduce a pretender detenernos con sus policías y guardianes.

El campamento de Sol ya no existe, pero su vacío es tan sólo algo táctico: nos fuimos de una plaza para repartirnos por todas las plazas. Y ahora estamos en cualquier lugar.

Nuestra fuerza está en la resistencia de la gente, en los vecin@s de esta ciudad que, en la farsa que fue la bochornosa investidura del Alcalde de Madrid, no dudaron en colocar sus cuerpos frente a los coches oficiales. Y los ojos, los ojos del forzudo antidisturbios que desesperado comprobaba que cuando levantaba a un@ de l@s nuestr@s, otr@ rápidamente ocupaba su lugar.

No olvidaremos.

En Madrid, Barcelona o Valencia habéis hecho de la mentira vuestra bandera. Sois la “versión oficial”, pero nosotr@s tenemos la verdad. Golpeásteis a gente pacífica. Qué indignidad. Esto es lo que habéis sembrado (polític@s que deben llegar al Parlamento a bordo de helicópteros, como bandidos) y toda vuestra obscenidad y arrogancia no os saldrá gratis. Este año ya es nuestro. Sabed que la llegada del verano os traerá frío y soledad y que, cuando llegue el invierno, las calles estarán bien calientes.

No nos representáis, vosotr@s, la clase política sin excepciones

Aprendimos en las calles, cuando por fin la rabia salió de nuestras casas, que éramos multitud. Esto es la política. Esta es la comunidad. Esta es nuestra gente: el poder (un poder real y no vuestros simulacros de democracia) en manos de la gente a través de decenas de asambleas, autogestión, horizontalidad, apoyo mutuo, solidaridad, jóvenes aprendiendo de sus mayores, mayores sintiéndose jóvenes, pero tod@s compartiendo anhelos, enseñanzas y contraseñas.

Hoy sabemos que tenemos que seguir aprendiendo.

Hoy sabemos que no podrán pararnos.

No olvidemos que Sol y su campamento surgieron mientras nuestr@s compañer@s, después de sufrir malos tratos y violencia, pasaban la noche en ese oscuro y tétrico lugar que es la sede de la Brigada de Información de Moratalaz. Entonces, alguien colocó una tienda de campaña, y luego aparecieron decenas más. Nuestr@s compañer@s siguen imputad@s por unos delitos que no reconocemos.

Ahora, nosotros (la voz del pueblo), haremos de jueces…

¿Qué os parece si os juzgamos?

Durante el recorrido haremos varias paradas frente a algunas de las instituciones más indecentes de este país. Una vez allí, las juzgaremos.

Banco de España: sede de la Mafia. Culpable por ser un incomparable ejemplo de un sistema avaro e injusto.

Consejería de Educación: fábrica de seres obedientes y preparados para ser l@s parad@s del mañana. Culpable por fomentar la estupidez y la ignorancia.

BBVA: Parques inmobiliarios a costa de especular y arrebatar los hogares de la gente de los barrios, expulsando a sus habitantes y destruyendo sus sueños. Culpable por usura.

Dirección General de Seguridad-Presidencia de la Comunidad: la antigua mazmorra por la que pasaron nuestros padres, madres y abuel@s. Todo aquello que un día albergó la extinta DGS (injusticia, violencia y arbitrariedad) ha subido por fin a su superficie, llegando incluso hasta las elegantes moquetas de la actual Presidencia de la Comunidad. Culpable por sostener la violencia organizada.

El 15M tomamos la calle, luego las plazas. Mañana haremos lo mismo con centros de trabajo y universidades.

Porque no podrán pararnos.

Porque lo queremos todo y lo queremos ahora.

Archivo y sobreseimiento de lxs detenidxs el 15M.
Ni un desahucio o despido más.
Fuera la Reforma Laboral.

*Piquetes informativos el sábado 25 de junio. Durante todo el día, se organizarán piquetes a la salida de todos los metros de Madrid. Organízate en el tuyo.

#nopodranpararnos#

6/24/2011

¿Respeto? Dignidad


Una de las palabras que más se ha escuchado por las acampadas y que más se ha usado para definir la identidad del 15M es RESPETO. Aparecía en numerosas pancartas, se formaron grupos de trabajo y comisiones sobre ella, se exhibía a menudo para conjurar cualquier brote de violencia dentro o fuera del movimiento. Llegó a ser el lema que coronaba la Acampada frente a las Cortes del día 21 contra la reforma laboral, a pesar de largas discusiones en la asamblea previa, que mostraron que no todxs se identificaban tan cerradamente con ella.

De haber previsto esta circunstancia, quizá hubiera convenido exhibir un lema relacionado con el motivo que nos reunía, en vez de tratar de seguir forjando marcas y señas de identidad donde no la hay. Finalmente se acordó levantar la pancarta, dado que nadie cuestionaba su fundamento, sino su oportunidad, pero no mirando hacia la Castellana, como si diese nombre al campamento, sino de forma que la pudieran leer sus señorías en el momento de acceder al Congreso.

El respeto, el que nos perdieron los políticos, es en efecto una condición mínima de la democracia real. Supone la igualdad de trato entre seres humanos y la necesidad de escuchar al que opina distinto. Su papel central dentro del 15M no solo se justifica por esto, sino porque gracias a ello el movimiento se ha hecho también respetar, no tanto por el poder político y mediático, que han hecho cuanto estaba en su mano por distorsionarlo y destruirlo, como por la opinión pública. Pero si hubiera que buscar un valor marco, un concepto abstracto para definir esta sucesión de acontecimientos que hoy ya ha cobrado una forma y una tendencia, yo no lo cifraría en el respeto, sino en la DIGNIDAD.

El respeto marca una distancia que no siempre es recíproca. Respetamos a nuestro jefe porque puede despedirnos, al policía porque puede golpearnos y deshumanizarnos, a los líderes políticos y mediáticos porque ellos hablan y nosotros estamos sin voz. Siempre se ha exigido a los esclavos que respeten el orden que los mantiene en inferioridad. Se nos pide que respetemos las instituciones democráticas cuya irrealidad ha puesto de manifiesto la marea humana que ha invadido las calles: llevamos mucho tiempo respetando su sistema corrupto, sus leyes vejatorias, su juego político amañado, su ley de oferta y demanda infinitas, pero en ese respeto que se nos impone en el actual marco de violencia no existe dignidad.

Por eso estamos indignados, porque se nos ha hurtado algo que como seres humanos nos corresponde y nos define, y su reconquista quizá suponga romper algunas distancias y limitaciones que solo se sostienen gracias al miedo, la pérdida de autoestima, la resignación. El respeto no nos enseña a desobedecer.

Así fue que, al constatar nuestra fuerza, al darnos cuenta de que ellos no eran nada sin aquellos que sostienen el sistema sobre sus hombros, descubrimos el placer y la belleza de romper con sus leyes. Y no fue el respeto quien nos llevó a las plazas, ni el que nos agrupó frente a las casas que iban a desahuciar, ni el que nos puso a las puertas del Congreso para gritar que "no nos representan", que ningún ser humano representa a otro, que ser minoría no es ser escoria, que es preciso hacerse valer como individuo único. Y porque perdimos la distancia que marca el respeto nos acercamos al rostro desconocido, le expusimos nuestros conflictos y preocupaciones, nos convertimos todas y cada uno en oradores y comenzamos a aprender a legislar en común nuestras vidas.

Las sociedades laicas modernas basan su vaga moral en el imperativo formal (categórico, universal por el reconocimiento de la universalidad de la razón) que un día expuso el filósofo Kant. No hay nada más bello que el imperativo categórico, interpretado superficialmente como "no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti", en realidad una versión edulcorada, vaciada de contenido, del mandamiento cristiano: "ama a tu prójimo como a ti mismo". Pero el imperativo categórico incluye una exigencia poco atendida. Su formulación completa en su segunda versión llama a la rebelión:
"Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la de cualquier otro, siempre como un fin, y nunca solo como un medio".
Es decir, se trata de reconocer que todos somos dignos, merecedores de algo, incluso una misma. No existe respeto sin dignidad. Uno empieza a comprender su propia dignidad cuando pierde el respeto a lo que no es digno. La dignidad tiene un sentido positivo (frente a la distancia que marca el respeto) que se comunica y crea la dignidad del otro. Solo quien tiene dignidad, es decir quien se respeta a sí mismo, es capaz de respetar y de indignarse. Te respetaré mientras no me atropelles. Si atacas mi dignidad, si atentas contra la dignidad de mi compañera me alzaré, no en mi nombre ni en el suyo, sino en nombre de la razón universal.

6/12/2011

Anonymous al Gobierno español

Saludos al Gobierno español:

Sabemos que habéis oído hablar de nosotros; somos Anonymous. Nos hemos enterado que habéis considerado necesario arrestar a tres compañeros anonymous, que pretendéis hacerlos pasar por los líderes de Anonymous por su participación en ataques DDoS contra varias webs.

Lo primero y más importante, los ataques DDoS son actos de protesta pacíficos en Internet. No son diferentes a una sentada pacífica impidiendo la entrada a una tienda. Igual que en el caso de las formas tradicionales de protesta.

A pesar de todas las veces que habláis y rechazáis entenderlo, no existen líderes de Anonymous. Anonymous no está basado en distinciones personales.

Arrestar a alguien por participar en ataques DDoS es como detener a alguien por asistir a una manifestación en su ciudad. Anonymous cree que el derecho a protestar pacíficamente es uno de los pilares de cualquier democracia.

No habéis detenido a tres activistas de Anonymous. Nosotros no tenemos miembros y no somos ninguna clase de organización. No obstante, habéis detenido a tres ciudadanos que se expresan por ellos mismos.

Nos estáis suministrando combustible, pero ahora debéis contar con el fuego.

Nos preparamos para vuestras acciones,

Anonymous,
Somos Legión.
No perdonamos vuestros ataques a la libertad.
No olvidamos vuestra ignorancia.
Contar con la Revolución.
Preparaos para Anonymous.



6/08/2011

Deudocracia

Documental viral realizado recientemente por Katerina Kitidi y Aris Hatzistefanou que analiza las causas de la crisis de deuda griega e incorpora también algunos apuntes sobre la crisis argentina y sobre la gestión alternativa de la deuda que emprendió Correa en 2006 para Ecuador. En un día como hoy, en que el Papandreou se ha visto forzado por las presiones populares a anunciar un referéndum sobre las medidas de austeridad impuestas por la UE y el FMI, no viene mal recordar cómo se fraguó el descontento griego.


6/03/2011

Desbordar las plazas

Una estrategia de objetivos


1. El movimiento del 15 M que se ha desplegado durante estos días supone el fin de una larga etapa de obediencia y sumisión. Tomar las plazas ha sido el gesto radical que – repetido en tantas ciudades - nos ha permitido lanzar el grito colectivo de “Basta ya. Queremos vivir”. Hemos empezado a perder el miedo. Juntas hemos atravesado la impotencia y la soledad. 

2. Hemos aprendido a organizarnos, a tomar decisiones colectivamente, a vivir en la calle y que la calle viviera en nosotras. La inteligencia colectiva ha sido prodigiosa ya que ha permitido llevar adelante lo que parecía imposible: crear otro mundo dentro pero también contra este mundo hecho de miseria moral y económica. Hemos sabido autoorganizar un agujero negro ininteligible para el poder y que por eso teme. El poder teme todo lo que no puede entender, y por lo tanto, controlar. 

3. La novedad fundamental de nuestro movimiento es que no se construye sobre la sociedad-fábrica sino que nace al juntarse y compartirse el malestar de cada una. No vamos a la plaza tomada en tanto que trabajadores, ciudadanos… sino que allí dejamos atrás toda identidad. Somos más que en ningún otro lugar cada una de nosotras mismas, y a la vez, somos las singularidades de una fuerza del anonimato, de una fuerza de vida que apunta más allá de lo que hay. 

4. El nosotros que se ha formado no preexistía, no estaba latente, sino que ha surgido en el mismo momento que hemos tomado las plazas. Por esto es un nosotros abierto, abierto a todo el que quiere entrar y formar parte de él. En la plaza hemos aprendido a conjugar el verbo politizar, y el propio espacio ha sido lo que ha permitido la articulación de las diferentes politizaciones que se dan necesariamente divididas en el tiempo. El rumor de fondo que el poder quería acallar ha emergido. Nosotros somos los rostros de este rumor que ha terminado con el silencio del cementerio. 

5. Tomar las plazas significa antes que nada tomar la palabra. Pero la palabra, el discurso no es tanto lo que se dice como lo que se hace. En las plazas tomadas lo más importante es lo que se hace y cómo se hace. Esto es cierto y ha sido así. Ocurre, sin embargo, que poco a poco la potencia que nos daba un modo de funcionar (comisiones, subcomisiones, consenso…) se ha ido convirtiendo en un auténtico freno. Por un lado, una organización tan subdividida si bien puede ser eficaz introduce una dispersión creciente, una pérdida de los contenidos esenciales, y sobre todo, una profunda arbitrariedad que acaba por ser paralizante. Por otro lado, el consenso tiene que ser un medio pero jamás un objetivo en sí mismo, de lo contrario decisiones políticas inaplazables no pueden tomarse. El estar juntos no puede medirse en unidades de consenso. 

6. Ahora el problema fundamental es cómo continuar el movimiento que ha empezado. Porque hay algo que día a día estamos comprobando: si no avanzamos hacia adelante, necesariamente retrocedemos. Y eso es así porque la posición que hemos levantado al tomar las plazas se ve minada, tanto por el retorno a un primer plano de las opciones personales, es decir, de un proliferar de intereses completamente subjetivos que habíamos conseguido soslayar, como por la campaña de difamación (“el 15 M está degradando”, “perjudican a otros”…) orquestada mediante los medios de comunicación oficiales. 

7. El problema no es si abandonamos la plaza o no. El problema es cómo seguimos adelante con un movimiento que ha sido el más importante de los últimos años y que seguramente abrirá un ciclo de luchas. En la plaza de Catalunya hemos gritado muchas veces “Aquí empieza la revolución”. Quizás deberíamos tomarnos en serio estas palabras. Cuando afirmamos “no somos mercancías”, “nadie nos representa” u otras frases parecidas estamos construyendo un discurso revolucionario que socava lo esencial de este sistema.

El problema no es si abandonamos la plaza o no. El problema es si nos atrevemos a pasar de indignados a revolucionarios. 

8. Como indignados sabíamos que había que atacar antes que nadie a los políticos y a los banqueros. Esta intuición era acertada especialmente por lo que hace referencia a los primeros. El subsistema político que funciona con el código gobierno/oposición es muy fácil de atacar. Basta que afirmemos de modo consecuente “nadie nos representa” y cortocircuitamos uno de los códigos fundamentales que organizan la realidad. No en vano la deslegitimación del Estado de los partidos ha crecido. En cambio no hemos conseguido erosionar el código tener dinero/no tener dinero que rige el subsistema económico. Ni por supuesto hemos sabido hacer frente a la crisis y al uso de la crisis como modo de gobierno. 

9. Por esta razón el movimiento de la “toma de plazas” está abocado a tener que dar un salto ya que de lo contrario, o nos quedamos dentro de una burbuja autocomplaciente hecha de opciones personales o la deslegitimación de la política por sí sola no llegará nunca a abrir otro mundo. Hay que atacar toda la realidad, esta realidad toda enteramente capitalista en la que nos ahogamos. Dar un salto quiere decir, pues, atrevernos a ser revolucionarias. Más exactamente. Atrevernos a imaginar qué significa ser revolucionarias hoy día. 

10. El problema no es si abandonamos la plaza o no. El problema es cómo desbordamos la plaza, y para ello tenemos que pensar ya no sólo como indignados sino como revolucionarios. Frente a una realidad (capitalista) que es esencialmente despolitizadora porque reconduce el conflicto y esconde al enemigo, porque aumenta incesantemente sus dimensiones con el fin de que la obviedad se imponga, el único camino es la defensa de la politización: “cuando nada es político, todo es politizable”. Desbordar la plaza es conjugar colectivamente el verbo politizar, y para ello tenemos que inventar una articulación de dispositivos que ya hemos empezado a emplear: enjambres cibernéticos, asambleas generales y de barrio, comisiones diversas… 

11. De la misma manera que somos un nosotros que no se puede subsumir en un espacio público no estatal – somos una asamblea general, un grupo en fusión, un pueblo nómada, un mundo hecho de singularidades - la organización que organice el desbordamiento tiene que ser también una articulación compleja de dispositivos. La fuerza del anonimato, la fuerza de vida que somos, rechaza los modelos antiguos identitarios y sectoriales. Asimismo cualquier intento de recuperar nuestra fuerza mediante la forma partido está abocado necesariamente al fracaso. La fuerza del anonimato nunca podrá ser encerrada en una urna. 

12. Desbordar la plaza no es una metáfora. Consiste en infiltrarse dentro de la sociedad como un virus, actuar como partisanos que sabotean la realidad durante la noche. Pero tenemos que volver intermitentemente a la plaza y esforzarnos por mantener en ella un rastro de nuestro desafío. La plaza tomada debe seguir siendo una referencia política, y a la vez, la mejor base de operaciones de la que partir para proseguir esta guerra de guerrillas. Infiltrarse en la sociedad implica, en definitiva, un cuestionamiento radical de todo lo que se impone con la fuerza de la obviedad. Para que esta lucha sea efectiva tenemos que dotarnos de una estrategia de objetivos y de modos adecuados de actuación. El grito de rabia y de esperanza que ha resonado en las plazas tiene que organizarse políticamente, de lo contrario se perderá en la oscuridad. Y de nuevo el silencio entrará en nuestro corazón. 

13. Cuando la vida es el campo de batalla se vienen abajo los distintos frentes de lucha y es más fácil que nunca crear una estrategia de objetivos. La estrategia de objetivos que proponemos podría empezar con: a) 1000 euros para cada persona por el solo hecho de formar parte de la sociedad y dada la riqueza ya acumulada. b) No más desahucios y retorno de los expulsados. Posibilidad de devolver la vivienda al banco y no seguir pagando la hipoteca. c) No a la ley Sinde. Contra la privatización de la red. La estrategia de objetivos se inscribe y tiene sentido solo en el interior del movimiento que deslegitima el Estado de los Partidos. No se trata por tanto de unos puntos mínimos que unos portavoces negocian. 

14. Una estrategia de objetivos requiere la acción directa para poder imponerse. En nuestra época, sin embargo, su culminación no puede pensarse bajo el modelo de la huelga general clásica. Por un lado, la fábrica ha perdido toda centralidad política en la medida que se diseminaba por el territorio; por otro lado, en ella existe miedo y los sindicatos históricos saben gestionarlo. De la misma manera que con la toma de plaza se inventó un modo de lucha inesperado, la propia acción directa tiene que ser pensada de nuevo. La transformación social, económica y política que ha tenido lugar en los últimas décadas – la sociedad entera se ha convertido en productiva - juega a nuestro favor ya que extiende la vulnerabilidad a todo el territorio. Por esa razón la acción directa tiene que ser sobre todo interrupción de los flujos de mercancías, energía, e información, que atraviesan y organizan la realidad. 

15. El gesto radical de tomar la plaza que se ha plasmado en tantas ciudades debe seguir vaciando las instituciones de poder pero tiene que prolongarse en un bloqueo real y efectivo de este sistema de opresión. No es algo imposible. Somos nosotros mismos viviendo quienes sostenemos esta máquina infernal y corrupta en fuga hacia adelante. Si verdaderamente estamos indignados tenemos que hacer de nuestra vida un acto de sabotaje y entonces todo se vendrá abajo. Todo se vendrá abajo como un castillo de naipes y quizás descubramos una playa en Puerta del Sol. Todavía no sabemos qué sorpresas puede depararnos el mundo que estamos empezando a construir.

Santiago López Petit

Texto mangado de espaienblanc