9/28/2011

Mi vida como un fanzine

Cambiar de espacio es mudar de piel. Te separas de ti y de los objetos que se han pegado a tu cuerpo como una prótesis que ya no puedes arrastrar. Te sientes mutilado, pero estás soltando lastre. La vida se amontona y es un montón de mierda.

Eres formateado y tienes que volver a aprender. Los platos cascados, la sartén sin mango, el macetero de plástico que hace de portabocatas, los muebles recogidos en la calle, las películas porno, el polvo acumulado en los libros: todo se queda en nada. Eres nadie, no necesitas nada.

¿En qué jodida bolsa metí los calzoncillos?

Los trabajadores del humo estamos siempre empezando. Empiezas hasta que decides que has acabado y luego vuelves a empezar. Como si pudieses perdonarte o dejar de sentir miedo.

Un viejo con cresta sostiene que eres joven hasta que encuentras tu lugar en el mundo. Probemos ese caldo: seremos siempre promesas, inquilinos, peatones, parados, morosos, diletantes, flores en los cubos de basura. Marchitas.

Me espero en otro lado. ¿Cómo seré? Llevaba tiempo sin fijarme en mí.